Dimas y Gestas; la crucifixión

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Por: Ing. Carlos G. Flores, E. E.

Cuando el Juez Romano (en todas las provincias, bajo un gobernador, había cuando menos un Juez romano, en cada ciudad grande, en Jerusalén por su importancia, había 6 que se turnaban, bajo las órdenes de 2 Cónsules, quienes a su vez estaban bajo las órdenes de Póncio Pilatos, el gobernador de la provincia), dictó sentencia a Dimas y Gestas, había un ambiente tenso en la provincia, pues se rumoraba que, Barrabás estaba reuniendo gente para “levantarse” contra el Rey Herodes y “de paso” contra sus benefactores los Romanos, es por lo que se le había aprehendido y estaba en prisión junto con varios de sus allegados.

La sentencia contra Gestas, que tenía fama de enojarse por todo, aparte de ser “un pillo de siete suelas”, era por creerse que, era miembro de la banda de Barrabás y todos los días, habían estado crucificando gente allegada a él, pues era el método usual que utilizaban los romanos, desde hacía más de 200 años (desde los tiempos de Fabio Máximo, cuando lo pusieron en práctica por primera vez, cuando Espartaco y los esclavos se habían atrevido a desafiar a Roma y habían sido castigados crucificándolos) y solo se salvaban de dicho sistema, los ciudadanos romanos, quienes tenían oportunidad de apelar, hasta llegar con el Emperador.

Dimas, quien por andar muy seguido con Gestas, recibió el mismo castigo, por lo que ambos fueron sentenciados, a ser crucificados al día siguiente.

Había otro caso judicial muy importante
Por otros presos que estaban ahí, Dimas se enteró de que, había un caso muy especial que, el gobernador directamente lo estaba viendo, pues se trataba de un personaje que, tanto el rey Herodes y el jefe del Sanedrín (Caifás), querían que Pilatos lo condenara a muerte y le habían hecho ver que, era mucho más peligroso que Barrabás, pues sus prédicas pacifistas, habían logrado que una gran muchedumbre lo siguiera, lo que tanto Herodes como Caifás, consideraban que atentaba directamente, contra sus posiciones.
Cuando le dijeron a Dimas que se trataba de Jesús, al que llamaban el Mesías y que Dimas había conocido como el Maestro, le dice a Gestas:
¡El Maestro, está siendo juzgado como sedicioso!

Gestas le contesta: ¡Te dije que era uno de esos embaucadores, pero tú sigues creyendo en él! ¡Estás loco!
Dimas sin contestarle directamente dice: ¡Como es posible que juzguen a un hombre que sólo habla de paz y de que la gente se arrepienta de sus males y sus pecados y que sana enfermos por todos lados! ¡No lo puedo creer!

En eso están, cuando llega un guardia y dice a todos:

El Nazareno fue juzgado y condenado por el gobernador, les dio a escoger la libertad de él o de Barrabás a los del Sanedrín y escogieron a Barrabás. Mañana en la mañana va a ser crucificado. Y dirigiéndose a Dimas y Gestas, les dice:

¡Ustedes van a estar junto al Nazareno colgados también!

¡Nomás que a ustedes los van a llevar en una carreta muy temprano y a ese Nazareno lo van a llevar por las calles, porque el rey Herodes le pidió al gobernador que, quería que todo el pueblo viera el escarmiento que le van a dar!

El guardia se va y Gestas, que no contiene el enojo le dice a Dimas gritando: ¿Ves a lo que hemos llegado por tu culpa?

¡Si desde el principio no hubieras andado siguiendo a ese Galileo, a la mejor no estaríamos aquí!

Dimas le contesta: ¡Mira Gestas, nosotros hemos cometido toda clase de delitos y merecemos la peor de las suertes, pero ese Galileo como tú le llamas, solo ha hecho el bien y por eso lo sigue la gente y júralo que después de muerto lo va a seguir más gente todavía!

¡Lo que pasa contigo es que, estás enojado porque a “tu jefe Barrabás”, lo han dejado libre gracias al Maestro y eso no lo quieres aceptar!

¡Ojala y pudiera despedirme de él y decirle que yo si creo en su bondad y en sus enseñanzas!
¡Y que si creo que sea el Mesías!

Gestas desesperado le grita: ¡Por eso es que estamos en este lío, dile a tu Mesías que nos salve!

El día de la crucifixión

Los romanos, en las provincias, no dejaban que nadie fuera de sus soldados se encargaran de las ejecuciones, por lo tanto asignaban guardias especializados en ello, a Dimas y Gestas muy temprano en la mañana, los subieron a una carreta amarrados, con los maderos en que iban a ser crucificados y los condujeron al gólgota (monte calvario como le decía la gente), donde se llevaban a cabo las crucifixiones y que está, en las afueras de una de las puertas que, tenía la muralla de Jerusalén en ese tiempo.
Ahí los amarraron de pies y brazos y para que tuvieran una muerte lenta, les rompieron los huesos de las piernas (tibia y peroné), con un mazo y en esa forma se desangraban lentamente.

Muerte en la Cruz

Al poco tiempo, se oyó un gran alboroto que venía de la entrada en la muralla.

Una gran muchedumbre venía gritando, alrededor de un hombre que, cargaba un madero en forma de cruz, ayudado por otro hombre y siendo custodiado por varios soldados, que evitaban que la muchedumbre se acercara al custodiado.

Llegado al cerro, cayó el hombre de rodillas y ahí los soldados lo pusieron, ya sin vestiduras, las cuales estaban llenas de sangre y no sólo lo amarraron, sino que le clavaron unos clavos grandes en las manos y en los pies.

Con ayuda de unos lazos, metieron esa cruz en un hoyo que había, entre los maderos en que se hallaban Dimas y Gestas. Dimas casi balbuceando le dice: ¡Maestro! Gestas, en medio de su desesperación le grita: ¡Dile a tu Maestro que, si es el Mesías verdadero, que se salve y que nos salve a nosotros!

Dimas casi sin fuerzas en su agonía, le dice: ¡Gestas! ¡Nosotros si merecemos este castigo, por nuestras malas acciones, pero este hombre que sólo ha hecho el bien, no merece estar aquí!

En ese momento, se oyen las palabras del que estaba en medio de los dos, que le dice a Dimas:
¡En verdad, en verdad os digo, que este día estarás conmigo en el paraíso!

¡Dimas agonizando, lo ve con ternura y muere!… Con este último acto, terminamos nuestro relato de la crucifixión, visto desde los ojos del que fue llamado el “buen ladrón”. Hicimos la crónica tratando de no tocar los Evangelios, pues nuestro relato era presentar otra forma de ver un hecho que, cambió la historia entre el ANTES y el DESPUES.

Y presentarlo a nuestros lectores pasado del Viernes Santo
Por hoy sólo nos resta decir a ustedes. ¡Shalom!…

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